09 febrero 2006

Pares (I)

Siempre pensaba en ello. Desde que era pequeña, desde que se miró al espejo a la edad de cuatro años y descubrió la diferencia, o la semejanza, sabe que nunca podrá dejar de sentirlo.

Ya no lo recuerda con tanto detalle como entonces. Pero de vez en cuando rememora el escenario, la luz tenue del cuarto de baño de sus padres cuando, poco antes de irse a dormir, tras ver por televisión la sesión tardecina de ‘casimiro’, subiéndose casi en cuclillas para percibir su rostro en el espejo, se manifestó como un rayo que hubiera pasado brutalmente su luz en una noche cálida de verano.

Era pequeña, sí, pero apreció que algo pasaba. La idea había cegado momentáneamente su percepción de la realidad.

-¡Ostras! – se dijo, - ¿Eres tú? - No podía ser. Su hermana no estaba allí. Era ella. Era la misma persona que había entrado en el baño, inclinándose sobre la puerta cerrada para apretar el pestillo evitando que entraran intrusos.

Pero algo había ocurrido en este poco tiempo.

La pequeña niña que aquella noche saldría para ir a la cama, acurrucada junto a su hermana, una en la cabecera mientras que la otra (ella) se situaría con la cabeza donde los pies acoplándose como piezas de puzzle, estaba creciendo... estaba observando desde hacía tiempo la realidad que le había tocado vivir.

No dijo nada. A la mañana siguiente recuerda haberle confiado la sensación a su hermana, pero a nadie más. ¿Tenía miedo, sentía vergüenza? No lo recuerda. Su hermana se rió a gusto con la historia, pero ella le permitía todo. Y lo sigue haciendo.

Su complicidad, su paridad, comenzó a ser algo tangible para ellas.

3 comentarios:

edian dijo...

Plas, plas, plas! qué bonito!! Seguro que cuando lo lea en vez de reirse, se emocionará ;)

Marta dijo...

Casi me emociono hasta yo!!!

Marta dijo...

Ayyyyyyyyyyyyyyy yo si que os echo de menos a vosotras!!!!!!!!