22 febrero 2006

Pares (III)

- ¿Pares o nones?

Comenzaba el juego casi cotidiano. Siempre hacían los mismo. Daba igual lo que pusieran entre manos. Era más efectivo que repartir suerte con otros métodos como la cantinela de ‘una mosca mosquetera...’ que tanto escuchaban en el recreo.

- ¡Nones!- decía Ana de manera enérgica.
- Pares pues... – no había más posibilidades.

Tras contar hasta tres con los brazos en la espalda y los puños fijos, con la mirada intentando escudriñar el fondo del pensamiento de su hermana a través del movimiento de las pestañas, soltaban al mismo tiempo las manos. Uno contra dos.

- Has vuelto a ganar; no es posible. No sé cómo lo haces, en serio. Te tocaba a ti y siempre me engañas.
- Deja de quejarte y comienza por la espalda-, sonreía sarcásticamente sabiendo que se la había jugado de nuevo.
- Pero Ana... me debías quince minutos de ayer.
- ¿Estás segura? Me quedé dormida, ¿cómo puedo saber si me engañaste o no? Demasiado buena estoy siendo echándolo a suertes de nuevo.
- Lo sabes porque te lo digo. Eso debería ser suficiente.
- Para otras cosas puede, pero no para las cosquillas. Sabes que con esto no se juega. Es justo que lo sorteemos de nuevo. Anda, comienza... dentro de media hora ya te tocará disfrutar.

Tumbada boca abajo Ana, Silvia se fue acomodando en la cama para comenzar el ritual. Todas las noches lo mismo. Sólo algunas veces ganaba, pero tampoco le importaba. Disfrutaba con que su hermana tuviera la sensación de la victoria, del logro sobre ella.

Mientras hacía sus ejercicios de muñeca, la miró y volvió a percibirlo.
Estaban jugando sin trampas, más limpio aún que el propio juego de niños. Ambas sonrieron, sentían la complicidad sin palabras.

Volvió a hacerlo, la técnica nunca fallaba; sabía de sobra, incluso antes de comenzar la partida, que sus finos dedos sumirían a su cómplice en un profundo sueño.

20 febrero 2006

Saturday Night_Casa.

19 febrero 2006

Urban

16 febrero 2006

15 febrero 2006

Pares (II)

Lo notó casi cuando nació, pero estaba intranquila. Sus sentidos se agudizaron esa semana; quería captar al detalle las impresiones y comentarios de los demás.

Sus padres, sus hermanos, nunca se confundirían aunque le cambiaran el nombre cuando menos se lo esperaban. Era pasajero y unido siempre a situaciones claras donde la confusión estaba permitida: corriendo por los pasillos, luces apagadas, haciendo muecas,....

¡Ana ven para acá, deja en paz a la pequeña!- vociferaba en demasiadas ocasiones el padre que protegía más de lo común al pequeño polluelo del grupo.

- Silvia..., papá– respondía con aire de suficiencia, cansada por las continuas repeticiones por las que les hacía pasar su condición de cuasi idénticas.

- ¿Cómo dices? ¡Ven ahora mismo! -, frunciendo el entrecejo, el padre perdía la compostura de banquero correcto cada vez que su par de hijitas les hacía esto.

Al momento se calmaba... – Ah, sí.. eso....¡tú me has entendido perfectamente, así que no me rechistes! –, sentencia sin posibilidad de réplica. Majestuosa silueta del poder casero.

Silvia dejaba entonces de quitarle-ponerle el chupete al nuevo bebé (juego ideado por su hermana, todo hay que decirlo), sentándose en el balcón del sexto piso hasta que finalmente accedía a desenfadarse de la ira recibida. Ana casi siempre se libraba. No era justo.

A todas estas desdichas de infancia, había que sumarle que hasta la edad de los ocho años irían homólogamente disfrazadas. Mismos vestidos pero con un código de color particular: los rosas y amarillos, para su hermana; ella se quedaría con la gama de los azules y verdes. No intuían hasta qué punto este hecho condicionaría su vida.

Sin embargo lo que ocurría con sus tíos, sus padrinos y con la mayoría de sus amigos, era inquietante. No sólo se confundían en sus nombres, su equivocación iba más allá. Bien pensado, no era equivocación. ¿O para ellos lo era? No, en absoluto. Era un error lógico que hasta bien mayor no supo apreciar. Entonces era una niña y ambas decían al unísono su nombre bien alto para que se lo metieran en la cabeza. Esperaban que así, tras repetirlo millones de veces, algún día dejaran de equivocarse... y de preguntar.

Pero no ocurrió. Año tras año, con nuevos amigos y los mismos familiares de segunda línea de sangre, iba pasando lo mismo. Volvían a decir sus nombres, incurrían en sus diferencias, con cierta condescendencia hacia los demás, hasta permanecer hastiadas.

Desde los cuatro a los diez años su vida par comenzó a surgir en su conciencia. Era vista como una unidad conjunta de dos seres por la mayoría de los mortales, hasta por sus propios padres... o eso pensaban ellas entonces. No sentían la identidad de cada una, aunque ambas sabían que existían.

Ella siempre sería la ‘gordita’ y su hermana ‘la más alegre’ para los pocos privilegiados que miraban más allá del primer vistazo y que intentaban apelar a los sentimientos individualistas sin darse cuenta que seguían siendo crueles. Para los demás simplemente: las mellizas.

14 febrero 2006

Aventureros 100%


Puente Tibetano gigante (200 metros).

Parece fácil... pero 'da cague' sobre todo los comentarios de los que iban llegando a la meta.

Belén nos dejó impresionados;
a mí, desde luego, con la boca abierta.

Soy una cobarde 100 %; lo tengo comprobado.
¿O es que no necesito descargar adrenalina como los demás?
:) Será eso.



13 febrero 2006

06/02/10-12: Aventura_II

Tirolina

Rapel

Tiro con arco

06/02/10-12: Aventura.


«Gredos Adventure»
Cáceres 2006.

09 febrero 2006

Pares (I)

Siempre pensaba en ello. Desde que era pequeña, desde que se miró al espejo a la edad de cuatro años y descubrió la diferencia, o la semejanza, sabe que nunca podrá dejar de sentirlo.

Ya no lo recuerda con tanto detalle como entonces. Pero de vez en cuando rememora el escenario, la luz tenue del cuarto de baño de sus padres cuando, poco antes de irse a dormir, tras ver por televisión la sesión tardecina de ‘casimiro’, subiéndose casi en cuclillas para percibir su rostro en el espejo, se manifestó como un rayo que hubiera pasado brutalmente su luz en una noche cálida de verano.

Era pequeña, sí, pero apreció que algo pasaba. La idea había cegado momentáneamente su percepción de la realidad.

-¡Ostras! – se dijo, - ¿Eres tú? - No podía ser. Su hermana no estaba allí. Era ella. Era la misma persona que había entrado en el baño, inclinándose sobre la puerta cerrada para apretar el pestillo evitando que entraran intrusos.

Pero algo había ocurrido en este poco tiempo.

La pequeña niña que aquella noche saldría para ir a la cama, acurrucada junto a su hermana, una en la cabecera mientras que la otra (ella) se situaría con la cabeza donde los pies acoplándose como piezas de puzzle, estaba creciendo... estaba observando desde hacía tiempo la realidad que le había tocado vivir.

No dijo nada. A la mañana siguiente recuerda haberle confiado la sensación a su hermana, pero a nadie más. ¿Tenía miedo, sentía vergüenza? No lo recuerda. Su hermana se rió a gusto con la historia, pero ella le permitía todo. Y lo sigue haciendo.

Su complicidad, su paridad, comenzó a ser algo tangible para ellas.

08 febrero 2006

07 febrero 2006

'Art in the street' > POST-IT Madrid.

Casa Amércica

Palacio de Correos

06 febrero 2006

04 / 02 / 06

03 febrero 2006

Retales: viaje a Praga.

Fugaz

02 febrero 2006

En casa...

Madrid 2006 [saloncito]
Belén.